Entran en el campo de la Economía todos los problemas derivados de la producción de bienes, la forma en que estos bienes pueden ser intercambiados y la manera en que los mismos pueden ser distribuidos. Podemos decir que especialización, producción e intercambio son aspectos que están muy ligados al dilema de obtener mediante un trabajo, todo aquello que la naturaleza no puede brindarnos directamente a las personas.
Siendo una ciencia que se ocupa de estudiar las actividades humanas para satisfacer necesidades también humanas, es una ciencia ligada al hombre y al comportamiento de conjuntos de hombres. Es en consecuencia una ciencia social y sus leyes están ligadas a la forma de ser del hombre. Si el hombre fuese distinto distintas serían las leyes básicas de la economía.
En lo particular entendemos la economía como una ciencia donde para explicar nuestras opiniones las palabras no alcanzan, siendo necesario acudir al auxilio de números, relacionados en tablas, gráficos y ecuaciones para arribar a conclusiones no equivocadas.
Sin embargo, estamos acostumbrados a leer y escuchar que las soluciones a los problemas económicos se fundamentan con palabras, con discursos. Es decir, se insiste en describir con poesías, decisiones tomadas en el ámbito de la economía.
Es el caso inverso al presentado en la película «La sociedad de los poetas muertos», donde a los alumnos de una escuela secundaria se les pretendía explicar la perfección de un poema, por medio de un gráfico en coordenadas rectangulares. Lógicamente esto es una aberración, al derecho y al revés. Pues se verifica en nuestro medio el caso inverso. Hablamos entonces de la sociedad de los economistas muertos.
La ciudad de Santa Fe no está aislada de la realidad de un país subdesarrollado y tiene una falencia grave en lo que hace a la creación de empresas, en parte debido a que no han existido desde los gobiernos planes que incentiven a quienes son poseedores de ideas productivas para que concreten su emprendimiento, mientras que paralelamente se han puesto en práctica planes de asistencia social donde se capacita a los trabajadores sin el más mínimo estímulo por tratar de conseguir empleo en una empresa, no quedándoles otro objetivo que el de acceder a un trabajo en la Municipalidad. Este hecho tiene como únicos beneficiarios a quienes ostentan cargos políticos, ya que les permite generar la dependencia casi inquebrantable de estas personas a su oscura generosidad y benevolencia.
Cuando hablamos de falta de incentivos para los emprendedores, es decir los potenciales empresarios, no nos referimos exclusivamente a la facilitación de parte del capital necesario para desarrollar un emprendimiento, hablamos de falta de actitud. Es decir que, mínimamente y por respeto, estos funcionarios deberían manejar el vocabulario propio de la producción y la economía para sentarse de igual a igual con los emprendedores. Aunque dejemos en claro que es preferible que manejen mejor la calculadora que la lengua.
El daño que se ha hecho en estos últimos treinta años a los recursos humanos de la ciudad, con este modus operandi, podría catalogarse a priori como irreparable. No obstante, no nos damos por vencidos, y creemos firmemente que una Santa Fe con una matriz productiva ampliamente diversificada es posible.










