La ausencia de partidos políticos– que se verifica en la Argentina a 26 años de iniciado el nuevo milenio- hace imposible que puedan existir dentro de ellos los denominados equipos técnicos.
En efecto, las tradicionales agrupaciones políticas que participan en las elecciones cada dos años no son más que un sello de goma y una carta orgánica obsoleta, que sólo sirve para cumplir con el artículo 7° (Capítulo I) de la ley orgánica de los partidos políticos, N°23.298. En ningún caso estas asociaciones están organizadas para responder a las necesidades actuales de la población argentina, sino que solamente ponen su interés en mantener activa su cuota parte en la maquinaria electoral que les permitirá, cada dos años, acceder a algún cargo que les proporcione algo de poder.
Todo esto pasa porque la toma de decisiones políticas está basada siempre en los mandamientos de dos o tres intelectuales de renombre, dentro de lo que se conoce como la socialdemocracia: Maquiavelo (1469-1527), Rousseau (1712-1778), Hobbes (1588-1679), Webber (1864-1920), Foucault (1926-1984), etc., los cuales se centran básicamente en estudiar cómo llegar al poder y cómo ejercerlo mediante el engaño y/o la violencia, infundiendo temor a través de un jefe político, en algunos casos, o apelando a las cualidades sobrenaturales del/la sargento mandamás que recibe indicios desde “el más allá”, para indicar el camino correcto a la pobre militancia mononeuronal que no sabría qué hacer en caso contrario.
Esa bibliografía ha quedado obsoleta luego de la introducción del concepto de liderazgo dentro de las organizaciones de la sociedad, y lo de jefe, también. Si hay un jefe, no hay equipo.
Debemos tener presente que las necesidades de la población en la actualidad son distintas de las que tenían las personas cuando se fundaron los tradicionales partidos políticos del siglo XX, las cuales carecían fundamentalmente de todo tipo de derechos.
Hoy en día eso cambió. Los derechos han sido proporcionados a todas las personas sin distinción y lo que la gente reclama es que “la cosa funcione”. Los problemas que sufre la población de la ciudad de Santa Fe, y que están dentro del radio de alcance o influencia de un intendente, tienen su origen en la falta de capacidad de gestión, esencialmente motivada por el ámbito en el que se gestan los dirigentes que llegan a ocupar ese cargo. Nos referimos a partidos políticos que no son más que un papelito donde consta la personería jurídica y que sirve para hacer alianzas temporales que duran hasta el 11 de diciembre de cada año electoral.
La sociedad santafesina necesita otra cosa. Para hacer que las cosas se hagan hace falta otro tipo de liderazgo en los partidos políticos y cualquier tipo de organización civil. Pensemos en una estructura formada por niveles jerárquicos de orden Estratégico, Táctico y Operativo, donde cada uno tenga determinadas tareas asignadas en función objetivos prefijados. Así, el primer esquema sintético de trabajo que debería existir sería el siguiente:
- El DECISOR POLÍTICO.
- Los EQUIPOS TÉCNICOS.
- La CIUDADANÍA.
Visto así, parecería una copia de lo que proponen los partidos socialdemócratas (socialismo, radicalismo, PRO, y/o todos sus derivados). Pero como está a la vista, una cosa es lo que dicen y otra es lo que hacen.
(continúa en parte 3)









