Mirando el ejido urbano de Santa Fe desde el aire queda absolutamente claro que nunca hubo planificación por parte de los diversos gobiernos municipales que se han sucedido. Una prueba de ello es la imposibilidad de trazar calles paralelas a avenida Blas Parera, al este y al oeste de la vía de comunicación que constituye el ingreso norte a la ciudad capital de la provincia.
Allí, en ese extremo abandonado se encuentra barrio Santa Rita, cuyos problemas se han agravado con el paso de los años.
El acceso principal es por Florencio Fernández, la calle que lleva el nombre de uno de los vecinos que donó tierras y muchas horas de tiempo y trabajo para constituir lo que fuera la primera parroquia, un galpón con techo y cerramientos laterales de chapa de cinc, donde se rezaba la misa y hasta de se daban clases de guitarra.

Precisamente la iglesia católica ubicada en la zona es la que le dio nombre al barrio, junto con las escuelas primaria y secundaria que funcionan en la misma manzana, donde asisten niños y adolescentes de todo el norte y son de reconocida jerarquía. Sólo por ello merecerían mayor atención por parte de quienes tienen el deber de facilitar el acceso a la educación como funcionarios públicos.
El barrio se ha constituido en un lugar de residencia en constante crecimiento desde la década del ’80 pero siempre ha sido ignorado tanto por los integrantes del Departamento Ejecutivo Municipal como por los concejales, quienes sólo se acercan en épocas electorales ofreciendo parches de cuarta categoría para los problemas estructurales que requieren del proyecto y planificación profesional interdisciplinarios. Un ejemplo de esto es la existencia irregularidades catastrales. Una misma calle cambia de nombre de una cuadra a la otra, o en una misma cuadra un vecino tiene numeración 5500 y otro 5600, o bien siguiendo la traza de la calle la numeración pasa de 5000 a 5300 y luego vuelve a 4900.
Uno de los problemas más importantes es la falta de iluminación en las calles, y ello se relaciona con la inseguridad, indica uno de los vecinos. Incluso afecta el normal desarrollo de las actividades escolares, ya que en invierno se deben hacer cambios en los horarios de ingreso y salida de los alumnos, para que no sean víctimas de robos, lo cual es más frecuente y factible si está oscuro, si es de noche.

El complejo educativo Santa Rita cuenta con alumnos de barrio Favaloro e incluso de Barrio San Agustín y Santa Marta, por lo que sería indispensable terminar de pavimentar calle Chaco entre Blas Parera y Peñaloza, indican algunas personas que trabajan en la escuela. Si además está correctamente iluminada esa calle, sería un gran avance para los chicos que vienen desde Barrio Favaloro, agrega.

Otra de las vías de acceso que requiere urgente pavimentación es calle Carrasco, como así también repavimentar calle Cogorno hasta Blas Parera, para dar una circulación más fluida a los autos de los padres que traen sus chicos a la escuela. La pavimentación de Calle Carrasco se pidió hace muchos años, son sólo 50 m y todavía sigue igual.
Los ejemplos pueden seguir indefinidamente, pero las autoridades municipales, intendente y concejales, responderán siempre de la misma manera: mandarán una motoniveladora a pasear un rato por el barrio mientras algún medio televisivo le hace una nota al precandidato de turno, quien elogiará la buena predisposición del municipio, que siempre está cerca de la gente. Lástima que estos típicos políticos argentinos, nunca aportan ninguna solución.








