La industria nacional está pasando por momentos extremadamente difíciles, cuya magnitud no tiene precedentes. Es posible que estemos en presencia de un “movimiento sísmico” que destruya la mayor parte del empresariado Micro y PyME, cuyo nacimiento se produjo en los últimos cuarenta años y debamos reconstruir sobre esas ruinas un “nuevo tipo de empresario argentino”, que sea protagonista del fenómeno de internacionalización y globalización de las economías.
En la actualidad, muchos se comportan como espectadores del sistema globalizante, del cual se pretende ser usuario de sus beneficios, pero no responsables de sus exigencias.
Es verdad que este empresariado lucha, casi con seguridad, con desventajas notables frente a vecinos tan cercanos como Brasil y Chile, con el agravante de haber depositado en el primero la ubicación de las exportaciones de grandes sectores de nuestra industria, la cual se vio muy afectada cuando Brasil torció su rumbo económico, lo que produjo un desequilibrio en la paridad cambiaria que hizo descender otro escalón profundo en la escalera que conduce al pozo en el que se encuentra hoy nuestra industria, con los consiguientes perjuicios sociales de arrastre.
Independientemente de estas circunstancias reales que condicionan, en cierta manera, la competitividad de nuestra industria nacional, ha existido, y persiste, un desamparo por parte del Estado respecto al trazado de políticas claras en cuanto a desarrollo industrial y exportaciones, que incluye: planificación, orientación, promoción, créditos, etc.
A lo que hay que agregar la ausencia de instrumentación de un plan de capacitación en “management”, para lograr que el empresariado entienda cuál es la situación de los escenarios internacionales en los que les toca actuar a nuestros industriales.
Lo antedicho es solo una parte de las causas que nos han llevado a que nuestra industria atraviese su momento histórico más preocupante, pero se pueden agregar las siguientes:
- Ausencia de políticas de Estado claras respecto al desarrollo industrial.
- Empresariado acostumbrado a que gran parte de sus problemas de competitividad se los resuelva el Estado.
- Sistema financiero muy caro respecto a los niveles de inflación e índices internacionales.
- Alto costo de servicios e insumos: energía eléctrica, combustibles, teléfono, fletes, peajes, etc.
- Falta de entendimiento respecto de la velocidad y profundidad de los cambios en la economía internacionalizada.
- Creer que se puede seguir actuando y funcionando como lo hacían una década atrás.
- Pensar que la actual situación no soportará más tiempo y aguardar un cambio hacia situaciones pasadas.
- Trabajar sin planeamiento ni utilización de información interna y externa adecuadas.
- Utilización de la queja no constructiva como instrumento de consuelo corporativo.
- Entender que todos los males y problemas que sufren las empresas son debidos a causas externas.
- No utilizar herramientas modernas para una mejor gestión empresarial, tales como diagnósticos empresariales, reingeniería, benchmarking, calidad, modelos de excelencia.
- No poseer estructuras y sistemas de venta modernos.
- Desconocer al “cliente” como principal protagonista del mercado.
- Obsolescencia tecnológica y directiva.
- Falta de reacción, o muy tardía, por parte del Estado nacional, provinciales y entes conexos, para capacitar y difundir cuál es el presente y futuro de las economías regionales frente a lo que ocurre en el mundo con sus productos.
- Desconexión de la Universidad Nacional y su sistema científico con la realidad nacional, por lo tanto, ausencia de ayuda especializada.
- Confundir la equivalencia de las PyMES argentinas con las PyMES de los países desarrollados.
- Entender que la causa fundamental de la falta de competitividad es la dificultad de lograr créditos accesibles.
- Falta de predisposición para la realización de Alianzas Estratégicas para el aprovechamiento de las ventajas de la sumatoria de las competencias individuales.
- Cambios de orientación del negocio o desarrollo de nuevos proyectos basados en la intuición, sin apoyo de estudios serios de factibilidad.
- Falta de rigor analítico de las gestiones empresarias productivas y no productivas. Validez del concepto “más o menos…”.
- Exceso de críticas hacia fuera y ausencia de autocrítica.
- No fijación de objetivos o falta de claridad en los mismos.
- Desconocer que el 90% (estimado) de las gestiones empresarias que determinan la competitividad son internas.
- Falta de objetividad en la medida de la capacidad real de la empresa y la que se piensa que se tiene.
- Pobre o mala evaluación de los costos de la organización y sus productos y/o servicios.
- Falta de una adecuada organización de funciones y responsabilidades o ausencia de la misma.
- Deficiente o ausente sistema administrativo interno.
- No entender que los estándares de rendimiento de la empresa corresponden a esfuerzos del pasado y que hoy son insuficientes para seguir siendo competitivos.
El listado precedente quizás no es completo, pero pretende hacer reflexionar a todos los involucrados en el llamado “costo argentino”, que el problema, si bien es complejo, lo hacemos más difícil por confundir causas con efectos. Es decir, tratamos de solucionarlo por el absurdo, atacar a los síntomas y no preocuparnos por destruir el foco que realmente está causando esta enfermedad que silenciosamente está destruyendo todo nuestro aparato productivo.
Además, es mi pensamiento que confundimos las armas a utilizar en potencia y oportunidad; el hecho concreto es que siempre se llega a destiempo y con el arma equivocada. Esto indica que los estrategas que se deben ocupar de conducir este combate no están lo suficientemente preparados, su elección no es correcta o están distraídos en la resolución de otros problemas.
¿Qué se puede hacer para lograr recomponer este paisaje tan triste y desolador?
En primer lugar, hay que intentar salvar a todas aquellas empresas que estén en condiciones de sobrevivir con posibilidades de afianzamiento y crecimiento futuro. La situación se complica debido a que esta salvación no puede esperar; para la mayoría de las empresas pequeñas y medianas los tiempos están agotados, no existe margen para ensayos de prueba y error: todo es urgente.
Analicemos qué elementos tenemos para librar la batalla por la supervivencia y el crecimiento de las PyMES:
- Créditos.
- Diagnósticos empresariales.
- Asistencias técnicas especializadas.
- Ronda de negocios.
- Ferias y eventos especiales.
- Estudios sectoriales.
- Alianzas estratégicas.
- Redes.
- Definición de estrategias alternativas.









