Antes de explicar cómo se puede calcular en forma aproximada el valor que debería tener en dólar en un momento determinado, debemos continuar con el análisis que comenzamos en la primera parte de este artículo (ver: Dólar atrasado: ¿verdadero o falso?), comenzando por aclarar un error muy frecuente que suelen cometer los especialistas que tratan de explicar el fenómeno del dólar en Argentina. Me refiero a la siguiente afirmación: “el dólar es un producto más de la economía”.
A esta conclusión arriban ciertas personas debido al hecho indiscutible de que el valor de la divisa norteamericana, como el de cualquier otra, se rige por la ley de la oferta y la demanda. Es decir, al igual que los precios de los bienes y servicios que consumen las personas y las empresas, para comprar dólares, euros o la moneda extranjera que sea, deberemos pagar un precio fijado por el mercado. Será el precio de equilibrio que surja entre la oferta y la demanda, en este caso, de divisas.
Sin embargo, éste es el único punto en común que tiene el dólar con los productos de la economía. De allí, a decir que por ello el dólar debe ser tratado como un producto más que se comercializa en el mercado, es como decir que la luna, por ser redonda, es una clase de pelota más dentro del universo de las esferas, y por lo tanto puede ser utilizada para jugar al fútbol.
El dólar y la inflación
Lo explicado anteriormente nos permite identificar algunas declaraciones equivocadas de personas con mala información económica, que confunden a la sociedad con razonamientos como el siguiente: “Si la inflación es del 2,1% mensual, y el dólar aumenta sólo en el orden del 1% por mes, está claro que el dólar está atrasado, porque siendo la moneda norteamericana un producto más de la economía, debería aumentar en la misma proporción que los demás bienes y servicios”. Con frases como esta, se intenta demostrar que el dólar está atrasado desde fines de 2024 hasta la fecha. Como ha sido expuesto, este argumento carece totalmente de sentido.
El dólar no es un producto, es un medio técnico que sirve para realizar el racionamiento de los bienes a través de los ingresos, entre otras cosas. De lo contrario, para realizar el intercambio de los artículos que queremos consumir deberíamos apelar por ejemplo al trueque. Esto en el supuesto de que el racionamiento de los bienes no sea impuesto por la autoridad, como es el caso de los sistemas económicos colectivistas puestos en práctica por gobiernos comunistas y socialistas.
El dólar no es un producto
Decimos que el dólar no es un producto porque no es el resultado de un proceso de fabricación industrial. El lector podría decir que sí, porque al billete hay que fabricarlo. Efectivamente así es, por supuesto, pero un billete de cien dólares no vale más que uno de cinco porque sea más grande o elabore con un papel más pesado, o porque demande tinta de mejor calidad. No vale 20 veces más poque para su fabricación se requiera mayor cantidad de mano de obra.
La moneda surgió en el pasado como un elemento necesario para facilitar el intercambio. Por ejemplo, si se pretendían intercambiar vacas por corderos, era necesario establecer previamente cuantos corderos, que tienen menos carne, equivalían a una vaca. Pero si después se querían intercambiar corderos por maíz, la comparación realizada para el intercambio con las vacas ya no servía de referencia.
Fue así que se llegó a la conclusión de que, si se podían relacionar todos los bienes con uno fijo, la cuestión era más fácil. Por ejemplo, si quedaba establecido que una vaca era equivalente a 500 Kg. de maíz, y un cordero equivalente a 125 Kg. de este cereal, resultaba que una vaca era equivalente a cuatro corderos.
En estos ejemplos todos los productos objeto del intercambio tienen el mismo fin: la alimentación de personas.
Pero: ¿qué relación de cambio podría establecerse si se pretendía intercambiar animales de carga para su uso en el transporte de mercaderías?
Aquí entra en juego no sólo la cantidad sino también la calidad del bien o producto. Una recua de mulas podía ser útil para transportar productos a través de la cordillera de los andes, pero, en la época colonial, para llegar desde el río de la Plata hasta Salta o Jujuy, resultaba mejor realizar el transporte en carretas tiradas por bueyes. Queda claro que este caso hubiese sido mucho más difícil de resolver sin la adopción un elemento de cambio común: el dinero.
El patrón oro
Resultó evidente la conveniencia de utilizar como comparación elementos de alto costo y pequeño volumen. En un principio el valor de la moneda estaba dado por la propia cuantía del metal con que había sido fabricada: oro, plata, cobre, etc.
Como vemos, se impusieron los metales pesados y muy especialmente, el oro. Así pudo establecerse la equivalencia de todos los productos en gramos de oro, por lo que podemos decir que el precio de un producto estaba representado por sus gramos de oro equivalentes, y todas las equivalencias se podían calcular en función de los precios.
La importancia que cobró el comercio a través de los años hizo que los soberanos de la antigüedad acuñaran monedas de oro para garantizar su peso y la calidad del metal. Los precios comenzaron a calcularse en monedas hasta que los gobiernos comprendieron que era más práctico guardar las monedas en un lugar seguro, y entregar a la población billetes de papel, denominados papel moneda. Estos representaban una o más monedas que estaban depositadas en las arcas gubernamentales. Este papel moneda, cuyo uso se generalizó en todo el mundo, tenía un respaldo en el oro depositado. Se decía que se había adoptado para esos billetes el patrón oro.
El valor del trabajo humano
En la actualidad (2026), si bien casi todos los países han abandonado el patrón oro, los billetes nos sirven para establecer el precio de los bienes que debemos intercambiar, y también para establecer el valor del trabajo humano. Efectivamente, podemos decir que una hora de trabajo de una persona de determinada capacitación, tiene un valor expresado en una determinada cantidad de papel moneda. Esto nos permite intercambiar no solamente productos o servicios entre sí, sino también por trabajo humano. Es posible entonces que una persona, por trabajar un determinado período de tiempo reciba un pago en papel moneda, que después podrá canjear por los productos que necesite.
Especuladores y desestabilizadores
Todo lo hasta aquí explicado nos permite identificar algunas afirmaciones equivocadas de personas con mala información económica, que confunden a la sociedad con afirmaciones como la siguiente:
“Si dividimos la cantidad de pesos que hay en circulación por las reservas en dólares del Banco Central, podríamos obtener un valor aproximado del dólar, pero como las reservas netas son casi cero, ese cociente tiende a infinito. Queda claro que el dólar está “pisado” por el gobierno, aunque no lo quiere reconocer”
Al hablar de reservas netas, se hace referencia a un parámetro que suele verificar asiduamente el FMI, en los países a los que les presta dinero. Pero de ninguna manera se puede emplear este concepto para realizar la operación matemática que expusimos anteriormente. Esto es así, porque al hablar de reservas netas, se tienen en cuenta los dólares que hay en un determinado momento en las arcas del BCRA, descontando los pagos de la deuda que deberían realizarse en el corto plazo, digamos en un año.
La cuenta que hacen se puede explicar con un ejecmplo.
Si el país debe pagar en noviembre de este año U$D 1.000 millones, y al día de la fecha cuenta con reservas por U$D 3.000 millones, entonces las reservas netas serían U$D 29.000 millones. Pero esto es incorrecto, por una cuestión básica de matemática financiera, el concepto del valor del dinero en el tiempo. Es decir, no se puede sumar algebraicamente dos cantidades de dinero, por ejemplo, pagos de deuda, que no ocurren en el mismo instante de tiempo. Los U$D 1.000 millones de noviembre traídos a valor presente dan como resultado una cantidad menor. Esa cantidad depende de la tasa de descuento que se aplique, y esta tasa es muy difícil de calcular para casos como el que estamos tratando.
Por lo tanto, es totalmente erróneo hacer la resta anteriormente expresada para justificar la afirmación de que: el dólar está atrasado, o sea que se vende a un precio menor del que debería ser, porque el gobierno fijó las bandas de flotación por debajo de lo que a ciertas personas les conviene.
Entonces: ¿Cuánto debería valer el dólar hoy en día?
Ahora sí estamos en condiciones de explicar cómo puede establecerse en forma aproximada, el valor que debe tener la divisa norteamericana en un determinado momento, pero lo realizaremos en la tercera parte de esta nota.
(continúa en parte 3)








