Basado en la nota de Maria Acqua Simi, para Comunión y Liberación
Rémi Brague, nacido en París en 1947, es profesor emérito de Filosofía medieval y árabe en la Sorbona, exdirector de la cátedra Guardini en la Universidad de Múnich y ganador del Premio Ratzinger de Teología en 2012. Su trayectoria lo convierte en una figura de referencia en el pensamiento contemporáneo, y su mirada sobre la nueva ley francesa aporta un enfoque que trasciende lo jurídico.

Su opinión sobre la ley
El filósofo sostiene que detrás de la aprobación del suicidio asistido existen intereses económicos de gran magnitud. Lo que más le preocupa es la ilusión de que todo estará “regulado” por ley, cuando la experiencia demuestra que los límites prometidos en otros casos han sido rápidamente superados. Para Brague, a menudo la gente confunde lo que la ley permite con lo que la moral aprueba, e incluso llegan a decir que lo que permite una ley está bien.
En su análisis, una civilización que aprueba el derecho a morir renuncia a la vida misma, renuncia a cuidar y acompañar al enfermo hasta el final. Rémi Brague defiende la idea de que la existencia no es una elección sino un don recibido. Citando a Emmanuel Lévinas, Brague recuerda que “el nacimiento no escogido e imposible de escoger es el gran drama del pensamiento contemporáneo”.
¿Qué significa para él la dignidad?
La discusión sobre la dignidad ocupa un lugar central en su reflexión. Brague indica que desde hace décadas se ha confundido la dignidad con la autonomía, entendida como capacidad de autodeterminación. Sin embargo, la autonomía es limitada y variable, y no puede ser el criterio para definir la dignidad. Si se aceptara esa equivalencia, la pérdida de autonomía implicaría también la pérdida de dignidad.
Para él, la dignidad humana es total o no existe, y no admite grados. De esta manera, advierte que en las sociedades modernas existe cierta fascinación por el suicidio porque de alguna manera representa el culmen de la autonomía, la posibilidad de destruirnos cuando no podemos crearnos.
¿A qué están llamados los cristianos en este momento?
En este contexto, Brague señala que los cristianos están llamados a ofrecer un testimonio concreto: reconocer la dignidad plena incluso en quienes sufren enfermedades graves, demencia o estados de coma. Según el filósofo, el cristianismo ensanchó la mirada al reconocer como plenamente humano lo que antes se consideraba incompleto. Agrega que, el mejor testimonio se da en la vida cotidiana: ser fieles en el amor, acoger a los hijos, cuidar a los enfermos y acompañar a los moribundos.
En su vida personal, acercándose a los ochenta años, Brague admite que no es inmune a los lamentos ni a los remordimientos. Sin embargo, su mayor alegría es haber mostrado que la vida no solo es digna de ser vivida, sino algo más: digna de ser donada. Su esperanza última, confiesa, es la misericordia de Dios.
La aprobación de la ley sobre el suicidio asistido en Francia abre un debate profundo sobre el sentido de la vida, la dignidad y el papel de la sociedad frente al sufrimiento. La voz de Rémi Brague recuerda que la dignidad no puede reducirse a la autonomía, y que la vida, recibida como don, exige cuidado, acompañamiento y responsabilidad. En tiempos en que la legislación parece avanzar hacia la aceptación de la muerte como salida, su reflexión invita a adoptar una mirada que valore la existencia en todas sus etapas y condiciones.
El texto corresponde a la nota de la autora, pubicada en la página web del movimiento Comunión y Liberación, y ha sido enviada a nosotros por el Sr. Aníbal Fornari, a quien agradcemos por tan valioso aporte al debare sobre el tema.
Sobre la autora:
María Acqua Simi nació en Italia en 1985, y estudió en la Universidad Católica de Milán donde se graduó en Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales. Su tesis de grado sobre el proceso democrático en el Líbano redactada desde Beirut, le abrió las puertas para el comienzo de su carrera profesional en Milán, trabajando para Libero y, posteriormente, como responsable de prensa de la Fundación AVSI. De 2011 a 2018 trabajó en la sección de internacional del Giornale del Popolo de Lugano. En 2015 recibió el premio de la Asociación Suiza de Periodistas Católicos por sus reportajes como corresponsal en Irak en 2014. Hasta 2023 fue redactora del portal suizo Il Federalista.ch. Como corresponsal, ha cubierto y sigue cubriendo sobre todo Oriente Medio, el norte de África y América Latina.










