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miércoles, 15 de abril de 2026

La crisis silenciosa en las obras: por qué faltan ingenieros y cómo eso encarece todo

La precarización en las obras afecta directamente la productividad y eleva el costo argentino. La falta de ingenieros de obra, la improvisación en la planificación y la deficiente documentación técnica generan demoras, accidentes y sobrecostos. Entender este círculo vicioso es clave para mejorar la calidad constructiva y recuperar el rol profesional que el país necesita.

Para comprender esta problemática, nos pareció correcto empezar por describir el ámbito de trabajo de los ingenieros de obra. El principal problema que enfrentan actualmente los profesionales de la ingeniería civil, es la precariedad de las condiciones de trabajo en obra. Esto induce a los ingenieros a optar por no trabajar en obra, lo cual no debe subestimarse, dado que para el desarrollo profesional del ingeniero en general, y del civil en particular, la obra representa lo mismo que el hospital para un médico.

Esto repercute directamente en el llamado costo argentino, como veremos a continuación.

Contrariamente a lo que muchos pueden llegar a suponer, cuando una empresa constructora debe comenzar con la ejecución de una obra que le ha sido adjudicada, lo último que decide es quién será el ingeniero que se hará cargo. En el contexto actual, primero llegan a la obra el capataz con un grupo de obreros y hasta que no surgen los primeros problemas de falta de productividad, la obra es dirigida por teléfono desde las oficinas centrales de la empresa por, en algunos casos, un ingeniero gerente multifunción con aires de omnipotente, o en otros por el propio empresario que dialoga directamente con el capataz dándole las indicaciones.

Aquí surge el primer problema que afecta el costo argentino. Cuando el ingeniero llega, la obra ya está empezada, con lo cual no podrá hacer la programación de la construcción. La programación debe hacerse antes del inicio de la obra, no con la obra en marcha. La falta de programación es la causa fundamental de los problemas de optimización de los recursos de producción.

Por otro lado, al llegar a la obra, el ingeniero difícilmente encuentre una oficina bien equipada donde pueda sentarse a estudiar los planos y demás documentación. Si ha tenido suerte y la empresa lo proveyó de una computadora, tendrá que conformarse con un lugar en el pañol, que es el lugar donde se guardan las herramientas, para poder improvisar un escritorio. Ni hablar de las condiciones sanitarias, que ya pueden ser imaginadas.

Así y todo, consciente de lo importante que es ejecutar la obra para su desarrollo profesional, el ingeniero tendrá que hacerse cargo además de las cuestiones técnicas, de lo referente a la administración del personal y, lo más importante, de observar y respetar las condiciones de higiene y seguridad de los obreros. Esto sería más fácil si hubiera podido programar la obra, ya que en esa etapa no sólo se debe proyectar cuanto se producirá mes a mes, sino cómo se producirá. En el cómo, está incluido el hacerlo con seguridad, tratando de evitar situaciones de riesgo para su personal, definiendo las estructuras auxiliares y equipos necesarios. En obra, anticiparse a los hechos es de vital importancia. Aquí aparece otro de los factores que influyen en el costo argentino: los accidentes laborales, originados en la improvisación.

Cabe aclarar que nadie se ha preocupado por observar y legislar las condiciones de trabajo de los ingenieros. Los responsables de higiene y seguridad del trabajo hacen foco solamente en el personal obrero, desestimando el deterioro de la salud física y mental de quienes son responsables de todo lo que pasa en la obra: el jefe de obra. El que a los fines de asumir las responsabilidades legales será, un ingeniero.

Como consecuencia de todo esto, existen realmente muy pocos ingenieros de obra. La mayoría de los ingenieros civiles optan por dedicarse al proyecto y cálculo. Sin embargo, carecen de algo fundamental como la experiencia en obra, lo cual repercute negativamente en los proyectos que realizan.

Actualmente se observan graves deficiencias en toda la documentación de proyecto que llega a obra, a saber: no existe una verdadera ingeniería de detalle; no existe un chequeo de los planos antes de ponerles el sello “apto para construcción” con lo cual se verifican contradicciones de un plano a otro; no se considera el proceso constructivo en el diseño; existe un gran desconocimiento de la estructura de costos de la construcción. En definitiva, se construye con un anteproyecto, no existe proyecto ejecutivo, por lo cual suelen aparecer imprevistos que hacen detener la obra, con sus costos por improductividad asociados.

Es este otro motivo de incremento del costo argentino, influenciado además por el hecho de que los ingenieros proyectistas cuentan en general con escaso tiempo de estudio para el desarrollo de los proyectos, debido a que los responsables de fijar los plazos son personas con escaso conocimiento sobre construcción, ya sean funcionarios políticos en el caso de la obra pública, ya sean accionistas en el caso de la obra privada.

Lo concreto es que una vez que se decide la ejecución de una obra, todos la quieren ver lista de inmediato. En un caso la sociedad demanda la obra en forma urgente para ver solucionado su problema; en el otro el inversionista no está dispuesto a ver atrasado el calendario de inversiones para la puesta en marcha de su negocio.

Como vemos, se trata de un círculo vicioso que afecta a toda la sociedad, no sólo a un sector, círculo del cual sólo se podrá salir incrementando la participación de los ingenieros en las obras.

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