Periodismo de veras

domingo, 31 de mayo de 2026

Opresión siglo 21: todos están del mismo lado

En un ámbito donde los opresores y quienes deberían denunciarlos parecen ser la misma cosa, no hay espacio para la libertad de expresión. Vivimos bajo el gobierno de facto de unos pocos que se autoperciben como dueños de la ciudad. Ponen y sacan autoridades políticas, silencian a quienes se atreven a enfrentarlos. Atropellan, aplastan, ahogan sin piedad, y se presentan a sí mismos como héroes.

A pesar de la revolución en la tecnología de las comunicaciones de los últimos años en nuestra ciudad la mayoría de las personas no puede opinar públicamente con total libertad. Todo el tiempo estamos siendo observados. Toda publicación realizada en internet es rastreable y el autor puede ser perseguido, censurado e incluso puede perder su trabajo.

En todos lados hay cámaras de seguridad. En los bancos, en las escuelas, en los clubes, en las esquinas de los barrios, en las casas hasta en los baños, en los celulares, en las computadoras, en las lapiceras, en los portafolios. En todos lados. La justificación para esto es la misma que daban las autoridades políticas de Alemania del Este antes de la caída del muro de Berlín: es por una cuestión de seguridad. Hay que cuidar a la población del enemigo. Hay que velar por la seguridad del Estado. En aquél régimen, detrás de las cámaras, estaban los funcionarios de un régimen político; en el nuestro, además, hay empresarios privados.

En la película conocida en Argentina como “La vida de los otros” se relata la historia de un grupo de artistas de la ex Alemania comunista que tiene problemas para desarrollar su profesión debido a restricciones a la libertad de expresión. Durante el transcurso del filme uno de los artistas, escritor y dramaturgo, trata de llegar al mundo exterior por medio de un artículo periodístico donde revelaba muchas de las penurias que sufría esa sociedad bajo el citado sistema de gobierno. Pero para denunciar la alta tasa de suicidios, por ejemplo, debió moverse con suma cautela, porque suponía que lo podrían estar observando, espiando y, esto, lo ponía en peligro.

La vida de los otros en Berlín del este, año 1984. No había cámaras, la población era vigilada mediante micrófonos ocultos.

A diferencia de aquellos, los artistas y periodistas argentinos piden más. Quieren ser observados permanentemente. Mientras más minutos de cámara y exposición tengan, mejor. Nadie reclama privacidad para mostrar las penurias de los humildes frente a los abusos de quienes ejercen el poder de facto. Así entonces, la sensación dominante es que todos están del mismo lado, que no existe ese otro lado del muro donde ir a quejarse.

Este espacio fue creado con la intención de ayudar a remediar esta situación. Te brindamos la posibilidad de opinar sobre cualquier tema enviando tu material a nuestra dirección, llenando previamente el formulario de contacto. Las únicas condiciones requeridas para su publicación son la originalidad y creatividad del mensaje, que no necesariamente tiene que ser un texto escrito, puede ser una canción, un cuadro, una caricatura, un chiste, etc.
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