La imagen que se muestra en la portada puede no significar nada para la mayoría de las personas. Una pareja camina de la mano por la vereda de calle San Jerónimo, en pleno centro de la ciudad capital de la provincia de Santa Fe, una mañana cualquiera. Sin embargo, debemos advertir que las operaciones que está llevando a cabo el albañil que se divisa a la izquierda, ponen en riesgo no sólo a él mismo, sino que también representan un grave peligro para las personas que circulan por el lugar.
La amoladora es una herramienta que no puede faltar en ninguna obra en construcción debido a sus múltiples aplicaciones y, supuestamente, a su fácil manipulación. Cualquier obrero con categoría de ayudante, aunque sea su primer día de trabajo, no rechazaría tomar esta herramienta de corte para hacer lo que haga falta. Sin embargo, la operación de “la mola” lleva consigo riesgos de diversa índole que no pueden minimizarse, a saber: riesgo eléctrico, de quemaduras (por la temperatura que toma), de corte y de intrusión de partículas en los ojos. Sólo para empezar.
Por todo esto, las normas de salud y seguridad de los trabajadores indican que deben ser manipuladas con guantes apropiados y máscara facial, y, además, la máquina debe contar con una llave de encendido/apagado. No puede estar conectada directamente a la línea eléctrica, sino que debe conectarse a un tablero eléctrico con las protecciones indicadas por las normas, entre ellas, la puesta a tierra.
No obstante, previamente a realizar cualquier trabajo se debe aislar la zona, lo que en este caso no se ha hecho, como así tampoco se ha señalizado alertando el peligro.
Por otra parte, en la foto se observa que el cable de alimentación esta tirado en el piso, lo cual implica riesgo de caída. Pensemos por ejemplo que por la vereda pase caminando una persona anciana o con problemas de motricidad, o bien, supongamos que circula una mujer embarazada. ¿Quién se haría responsable por los daños a la salud originados por la imprudencia del trabajador? Es decir: ¿Quién pagaría por los daños a la salud de terceros? El albañil seguro que no.
La reglamentación vigente exige que las prolongaciones de los cables se coloquen a más de dos metros del suelo y apoyados en soportes adecuados y estables.
Como si todo lo explicado fuera poco, en la foto podemos ver que el trabajador particular no cuenta con calzado de seguridad, sino que está en zapatillas.
Finalmente, debemos mencionar el procedimiento de trabajo, el cual tampoco es el correcto, ya que el obrero no está realizando el corte sobre una plataforma de trabajo firme y a nivel de la cintura, sino que, en un claro exceso de confianza e improvisación, ha tomado una bolsa de escombros en la vereda como sitio de corte.
Lo peor de todo es que circulando por nuestra ciudad se pueden registrar cientos de ejemplos como este, donde impunemente se pone en riesgo la salud de los vecinos y la seguridad de quién ha contratado a esta clase de personas ya que, en ausencia de una empresa constructora a quién acusar, será seguramente a quién señalarán como culpable ante un accidente.
En este caso, de lo único que estamos seguros es de que la pareja de peatones se salvó de casualidad.
Unos metros más adelante, vemos a otro grupo de albañiles. Algunas de las consideraciones que antes criticamos, en este caso se cumplen.










