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domingo, 31 de mayo de 2026

La farsa socialdemócrata y la participación ciudadana (parte 1)

La política santafesina vive una década marcada por “equipos técnicos” que no existen y una participación ciudadana reducida a discurso. Entre estructuras partidarias vaciadas y decisiones concentradas, la nota revela cómo opera la farsa socialdemócrata en la gestión pública.

En los últimos 10 años aproximadamente, en política, se ha comenzado a hablar de la existencia de equipos técnicos. Pero no de los equipos técnicos de tal o cual partido político, sino más bien de los equipos técnicos de tal o cual personaje mediático, de cierto candidato o precandidato. Quizás esto ha surgido como una moda, ya que, en el ámbito privado, las empresas o las consultoras de recursos humanos vienen destacando desde hace años la importancia de saber trabajar en equipo para acceder a cualquier trabajo.

Entonces, dentro de la política, surgió también la necesidad de anunciar el trabajo en equipo como una virtud por destacar, aunque en realidad se trate sólo de una cortina de humo, detrás de la cual generalmente, no hay absolutamente nada.

Evidencia de ello encontramos analizando las cartas orgánicas de los partidos políticos existentes, donde los equipos técnicos no son reconocidos tácita ni explícitamente. No figuran porque los partidos políticos se han desmembrado, y dentro de ellos, cada cual juega su propio partido. Valga la redundancia.

Esto se debe al accionar del decisor político, que tradicionalmente ha ejercido sus funciones sustentado en el esquema del amigo – enemigo, lo cual no es compatible con el trabajo en equipo, por lo que resulta evidente que esta frase es sólo usada como un cliché producto del marketing político.

Durante la década del ‘90, en las universidades argentinas, ya totalmente cooptadas por políticos socialdemócratas, se comenzó a explicar que la toma de decisiones en el ámbito estatal basada exclusivamente en el cálculo económico, a través del análisis costo-beneficio, no favorecía la participación ciudadana en el proceso de discusión de los problemas y sus posibles soluciones. Supuestamente, a partir de la década del 70 y 80 el mundo había a empezado a cambiar el rumbo, orientándose al empleo de un enfoque integrador.

El relato decía que era conveniente aplicar un proceso de planificación participativa caracterizado por la intervención de 3 actores:

  • El Analista (planificador).
  • El decisor (político).
  • La opinión pública (participación ciudadana).

Este era el esquema teórico que debería haberse aplicado, verificándose en nuestra ciudad que particularmente se dejó de lado el empleo del analista y se ha coartado la posibilidad de participación ciudadana, debido al accionar del decisor político que ejerce sus funciones sustentado básicamente en la dinámica del amigo – enemigo, para llevar a cabo los mandamientos de los poderes fácticos mediante una conducción a látigo y silla. Un esquema represor de libertades tan elementales como la de trabajo, y la de expresión.

En efecto, “la presión” ejercida por los poderes fácticos impulsan al funcionario político a la toma de decisiones unipersonales (justificándolo con la cantidad de votos obtenidos en alguna elección), a la creación de cargos inútiles (llamados cargos políticos) y comisiones técnicas no vinculantes, como así también a la creación de varias reparticiones públicas con funciones superpuestas (e inútiles) que son a veces compartidas con otras organizaciones con participación estatal.

Un ejemplo de esto último es lo que en política se conoce como Desarrollo Social, donde generalmente se incluye atención a temas de Salud, Vivienda, Trabajo, Deporte, Educación. Y a la vez se crean ministerios, secretarías, sub-secretarías, etc. con esas mismas funciones.

Otros ejemplos más concretos son:

1- Inundaciones 2017 (Dpto. Gral. López – Laguna La Picaza).

2- Puente Santa Fe-Paraná (Selección de la Traza).

3- Bajos Sub-meridionales y Cuña Boscosa (Sequía 2008-2009).

Como queda claro, la participación ciudadana no existe. Es toda una farsa. Es todo parte de un discurso ideológico.

Para enfrentar esta situación, es necesario contar con un partido político que conserve con total autenticidad las características propias con las que fueron pensados, es decir, para servir a la sociedad. Con un perfil patriótico y con funciones bien definidas para cada una de las jerarquías que forman parte de su organización. Una de esas jerarquías que aparecen como necesarias, está dada por los denominados EQUIPOS TÉCNICOS.

(Continúa en parte 2)

 

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