Periodismo de veras

domingo, 31 de mayo de 2026

Argentina, un país mas o menos

Argentina arrastra décadas de improvisación y una cultura del “más o menos” que afecta su desarrollo. Esta editorial analiza las raíces de esa crisis de calidad y propone un cambio profundo desde cada ciudadano para construir un país más eficiente, riguroso y competitivo.

Es muy probable que muchos no estén de acuerdo con los pensamientos que se transcriben, los cuales están originados en experiencias personales y en la observación de la realidad que oprime y preocupa a todos los argentinos, que estamos siendo observadores pasivos de nuestra decadencia como organización social, familiar e individual, con los consabidos sentimientos de angustia e impotencia que paralizan la posibilidad de la identificación acertada de las causas de tales males y, consecuentemente, su análisis, individualización y aplicación de soluciones que nos permitan crear, por lo menos, un sentimiento de esperanza respecto a un futuro mejor.

Este despertar angustioso tiene mucho que ver con nuestro pasado. Y cuando digo pasado no intento transportarme a generaciones que ya no están entre nosotros, lo cual facilitaría la utilización de un razonamiento lineal y simplista de desprenderme de responsabilidades y cargarla sobre lo que no hicieron otros para que yo estuviera mejor hoy. Estoy reflexionando sobre lo ocurrido y vivido en las últimas tres décadas.

Mi análisis es mucho más humilde y se relaciona, como ya expresé, con vivencias que me han despertado un sentido de autocrítica, una disciplina que nos cuesta mucho ejercitar a los argentinos. Además, en virtud de la velocidad e intensidad con que se desarrollan los acontecimientos en la actualidad, creo que todavía somos protagonistas, que podemos influir considerablemente en la interpretación de nuestro presente y en la planificación más acertada de nuestro futuro inmediato y mediato, quizás con razonable grado de predicción.

“Más o menos”

Mis actividades vinculadas a la calidad total me han relacionado con numerosas empresas de distinta envergadura y actividad, a lo largo y ancho del país, lo que me ha permitido obtener una visión de la idiosincrasia del empresario PyME y pequeño.

En cierta ocasión, en una industria láctea PyME de la provincia de Santa Fe, donde está radicada la cuenca lechera más importante de Latinoamérica y con una tradición industrial de muchas décadas, estaba realizando la introducción al tema que íbamos a encarar a partir de ese momento en la empresa y que implicaba la participación de todos y, también, la revisión de todas las tareas productivas que se llevaban a cabo en la fábrica.

Fue entonces que, a manera de ejemplo, pregunté quienes se ocupaban de lavar los tanques silos de leche cuando estos se vaciaban, aparecieron dos manos levantadas señalando, de esta manera, a quienes se turnaban en esa tarea, la que solicité me describieran en detalle, aquí la descripción:

P (Pinnola): ¿Qué caudal de agua utilizan y por cuanto tiempo?

E (empleados): No sabemos, usamos una manguera de la red de agua y lo enjuagamos un rato

P: “Un rato”, es un plazo indefinido, para usted tiene un valor y para su compañero otro.

E: Y más o menos…15 minutos

P: ¿Cómo se prosigue con el lavado?

-E: Se realiza luego un enjuagado con agua caliente

P: ¿Qué caudal, cuánto tiempo y a que temperatura?

E: Tibia y un rato

P: ¿Qué es tibia y cuánto tiempo es un rato?

E: Más o menos 50°c y 10 a 15 minutos

P: ¿Cómo prosigue?

E: Preparamos una solución de hidróxido de sodio caliente que se hace reciclar dentro del tanque

P: ¿Concentración de la solución de hidróxido, temperatura de la misma y tiempo de reciclo?

E: La concentración no la sabemos ya que tenemos un tacho de más o menos 200 litros y le agregamos más o menos 2 kg de soda cáustica, ya que no la pesamos, sino que la medimos en un recipiente y la temperatura está más o menos en 50 °C. El tiempo de reciclado es de más o menos 30 minutos.

P: ¿Cómo sigue el lavado?

E: Se procede a un enjuague con abundante agua a temperatura ambiente

P: ¿Caudal y tiempo?

E: Con manguera conectada a la red y más o menos 20 minutos

P: ¿Finalizado el lavado aplican algún procedimiento para establecer si quedan restos de hidróxido de sodio?

E: No

De aquí en más me dediqué a indagar, en cualquier visita, donde se me presentó la oportunidad, sobre cualquier tipo de gestión empresarial, administrativa y/o productiva, y confirmé, sin excepciones, en todos lados la vigencia absoluta del más o menos.

Mi pensamiento fue más allá del ámbito empresario productivo, y comencé a analizar distintas actividades que se desarrollan a nuestro alrededor y que en su conjunto tienen una fuerte incidencia en la formación de nuestra idiosincrasia como integrantes de una familia, como ciudadanos o simplemente como seres humanos que en definitiva recogemos lo que consciente e inconscientemente practicamos.

Y mi pensamiento comenzó a escaparse hacia numerosos hechos, algunos personales y a otros que presenciamos, vivimos o soportamos como atónitos ciudadanos.

Les propongo un ejercicio de repaso de situaciones vividas estos últimos años:

  • Antes de 1983, tuvimos gobiernos no democráticos, y si nos pidieran una opinión sobre sus desempeños, creo que responder más o menos, sería ser extremadamente benévolos.
  • Nos encontramos en democracia desde hace más de 30 años y, alguien diría, independientemente del alto valor de la misma, que todo el proceso se desarrolló sin planes previamente pensados y todo resultó más o menos para los ciudadanos, según se improvisó o se consensuó con poderes nacionales y/o supranacionales.

Durante los primeros años de vida democrática estuvimos conviviendo con una inflación que llegó a niveles realmente alarmantes, eso nos obligó a buscar la manera de sobrevivir a tales condiciones y, como somos bastante despiertos para sacar ventajas, aunque sea de situaciones complicadas, nos amoldamos a vivir en la inestabilidad.

Este flagelo inflacionario, profundizó nuestro concepto del más o menos porque ayudó a que con la inflación tapáramos nuestras ineficiencias e ineficacias, dado que todas las operaciones que realizábamos estaban cubiertas por un factor multiplicador a elección, que nos permitía pasar a la siguiente, y volver a utilizar el factor de la “ineficiencia” y de esta manera contribuir fuertemente con el concepto del más o menos ya que no importaba la calidad del producto o servicio, ni la forma de obtenerlo, lo válido era la oportunidad y la maximización de los beneficios individuales sin escrúpulos, casi en un “sálvese quien puede”. Donde el fin justificaba los medios, por supuesto, en desmedro de la solidaridad y la convivencia.

Como todo era entre casa, nadie sufría ni cuestionaba el más o menos, se convirtió en casi un culto, una manera argentina, cómoda, satisfactoria y rentable de desafiar al mundo, el que ya estaba acuñando dos términos que se volverían traumáticos y devastadores para el concepto del más o menos: la globalización y la competitividad.

Pero un día, y por ley, la inflación se terminó y nos invadió la estabilidad, la que vino acompañada de un viejo anhelo que palpitaba, secretamente, en los corazones argentinos: un dólar = un peso. Por fin estábamos iguales, era en el comienzo de la década del 90.

A esta historia, debemos agregarle que el gobierno de turno prometió y realizó las privatizaciones de numerosas empresas del Estado y todas se hicieron, benévolamente, más o menos sin pensar en los efectos sociales que se iban a desencadenar.

El funcionamiento y actuación de la justicia, fue y sigue siendo más o menos.

La educación, ha recibido promesas de una atención preferencial por parte de todos los gobernantes. El resultado, seguramente, lo podemos calificar de más o menos, benévolamente.

Estos pocos casos nos demuestran como los encargados de conducirnos, ser ejemplo y dar el primer paso de la calidad de gestión, actúan con la imprevisión y la imprecisión del más o menos.

Muchas de las gestiones, trabajos, procedimientos, educación, capacitación, etc., adolecen de la precisión, rigurosidad, planificación y resultan ser ineficaces e ineficientes, por tanto, no competitivos o sea son más o menos.

Pero, ¿por dónde empezamos el cambio?

La respuesta es: Por el principio.

La pregunta será: ¿Cuál es el principio?

La respuesta es: El principio es usted.

Trabajadores observando las estadístas del mes

El principio en éste como en todos los temas está en uno mismo. Normalmente uno es la célula de una organización, ya que el ser humano es un ser social que actúa y se interrelaciona con otros, individualmente o en grupos.

Pasar de la cultura del más o menos a la de la planificación y rigurosidad, a la de la calidad no se adquiere de la noche a la mañana, ya que un cambio no es una decisión sino un proceso y los procesos necesitan tiempo.

Las etapas normales del proceso son: acercamiento, aprendizaje, aplicación y desarrollo o implementación. Deben ser generadas de adentro hacia fuera de la organización, no puede ser impuesto, sino que debe ser adquirido voluntariamente por las personas.

Las organizaciones, de cualquier naturaleza, son los seres humanos que las componen y hacia ellos debe ser dirigido el cambio.

Esto viene a cuento de que en muchas organizaciones ya no se discute la necesidad del cambio, pero en la práctica profesional, se ve que éste se materializa en nuevas oficinas, computadoras, una máquina para la fábrica, o bien nuevas instalaciones comerciales. Este perfeccionamiento instrumental y tecnológico carece de sentido si no está acompañado del profundo cambio humano, que en definitiva es el que conduce a la erradicación del nefasto concepto del más o menos.

El primer eslabón de la larga cadena mencionada lo constituye el gobierno, o la administración pública, cuyo nivel de eficiencia juega un papel determinante, recordemos que la calidad de un proceso empieza en la calidad del proceso inmediato anterior. Y para muchos efectos, la actividad del gobierno en su carácter normativo o productivo es “ese proceso inmediato anterior”, lo cual hace evidente que la administración pública impacta en un sentido u otro a la competitividad del país en su conjunto.

Finalmente, se entiende que el concepto del más o menos tiene su punto de partida en el primer eslabón de la cadena, por tanto, el llamado a la reflexión, a la autocrítica severa, al comienzo del cambio, a la introducción lenta, pero sin pausas, de los conceptos de: planeamiento, exactitud, rigurosidad con nuestras actividades, interrelaciones que sumen fortalezas, trabajos grupales por sobre nuestra obstinada y orgullosa individualidad, búsqueda de las coincidencias por sobre las mezquindades humanas, la necesidad de estimular la grandeza por sobre la miseria humana, la participación por sobre la indiferencia, el esfuerzo genuino y transparente por sobre el determinismo que provoca que otros nos resuelvan los problemas para su beneficio, la disciplina por sobre el desorden, pero aun por sobre todo esto el orgullo de sentirnos habitantes de este maravilloso trozo de planeta al que debemos darle nuestro aporte para que no desentone con aquellos otros en los cuales sus habitantes le han dado sentido a la vida con su esfuerzo coordinado, alejándolos de cualquier vinculación con el concepto del más o menos.

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