Se dice que la elección del club del cual uno será hincha está ligada a la pasión, al corazón, y no a la razón. Hablamos entonces del club de nuestros amores pero, ¿es esto así realmente? En absoluto, es una decisión económica. La elección del equipo de fútbol es una inversión que implica postergar el disfrutar de ciertas utilidades hoy, a cambio de obtener mayores utilidades más adelante, lo cual además lleva consigo un riesgo asociado. Veamos cómo es esto.
Desde que nacemos, las personas debemos obligatoriamente tomar decisiones que nos permitan satisfacer nuestras necesidades, de cualquier tipo que estas sean.
Como el mundo en el que vivimos es cada vez más complejo, cada día tenemos la oportunidad de elegir entre muchas más opciones que el día anterior, lo cual nos hace dudar sobre cuál es la decisión más conveniente para maximizar los resultados y minimizar los riesgos de esa elección.
Esto es así porque todos enfrentamos restricciones que nos impiden darnos con todos los gustos. Es decir, como consumidores todos tenemos limitaciones que hacen que debamos economizar los recursos que tenemos, por ejemplo nuestro tiempo libre.
Como se observa hablamos de economizar, es decir que ya estamos hablando de economía, y en esta ciencia resulta muy importante entender y poder predecir el comportamiento del consumidor.
En este sentido, el economista Marcelo Elbaum explica que para poder predecir las elecciones de los individuos, se ha desarrollado un modelo de comportamiento humano basado en su racionalidad y habilidad para calcular los beneficios, que todas las alternativas posibles le pueden brindar en orden satisfacer su propio interés personal. Esto es discutible desde ya, pero aceptémoslo por ahora, y convengamos también que dicho proceso de selección de alternativas, se desarrolla en tres etapas:
- La evaluación de cuán feliz pueda hacerle cada alternativa.
- La evaluación de las restricciones y los beneficios que limitan cada opción.
- La elección de la alternativa que maximiza su felicidad general.
Hablamos de felicidad porque el objetivo final de la economía es lograr que las personas sean felices, ya que se supone ese es su deseo mayor la mayor parte del tiempo.
Así entonces tenemos que la gente define sus preferencias en función de cuanta felicidad le puede proporcionar cada alternativa, para lo que se necesita establecer una medida común de felicidad o satisfacción de sus necesidades, al realizar dichas comparaciones. Esto se lo denomina utilidad.
Las cosas que nos gustan mucho tienen una utilidad alta, mientras que las otras tienen utilidad baja o incluso negativa. Esto echa por tierra el mote de inmoral que se le atribuye a la economía por suponer un comportamiento egoísta del ser humano en la búsqueda de la satisfacción de sus necesidades.
Quien se hace hincha de un equipo chico en realidad está haciendo una inversión. Se priva de la felicidad que podría obtener hoy, prácticamente en forma instantánea haciéndose parte de la hinchada de un club grande, que siempre sale campeón de algo todos los años, a cambio de obtener una mayor felicidad en el futuro producto de algunos pocos, pero bien cotizados campeonatos obtenidos.
Pero aquí hay algo que no cierra. Nuestro sentido común indica que si nuestro equipo sale campeón todos los años nuestra felicidad será plena y aumentará sin tope año a año. Pues bien, resulta que en realidad es todo lo contrario, lo cual se demuestra por otro principio básico de la economía: el principio de los rendimientos decrecientes, o como enuncia el ya nombrado Marcelo Elbaum, el principio de la fruta fácil de recolectar, el cual nos enseña que en una plantación de futas, aquellas que están al alcance de la mano son las primeras en ser cosechadas y presentan un bajo costo de recolección y alta productividad en Kg/h. A medida que tenemos que ir sacando las frutas que están más arriba demoramos más y nuestra productividad decae, entonces ya la fruta disponible para quienes tienen la necesidad de consumirlas estarán más caras, debido a su mayor costo de recolección. Consecuentemente tendrán que trabajar más tiempo para adquirir esas frutas que tanto les gustan y entonces es probable que esas frutas ya no le aporten la misma felicidad que antes, es decir que su utilidad habrá bajado.
Con el fútbol pasa lo mismo, llega un punto que salir campeón todos los años deja de aportar al simpatizante la felicidad que necesita para su vida, y eso no es bueno.
El principio de los rendimientos decrecientes demuestra además la necesidad que tiene una sociedad de producir en forma diversificada, de manera de optimizar los recursos de la producción. Mientras unos se especializan en cosechar manzanas, otros son buenos transportándolas al mercado. Esto podría inducir a pensar que para maximizar nuestra felicidad como hinchas de fútbol, deberíamos adoptar a varios equipos a la vez. Así, es más probable que a fin de año tengamos algún campeonato para festejar, y nuestra felicidad estaría casi asegurada.
Pero, ¡un momento! De nuevo hay algo que no cierra. Ya sabemos que esto no se puede hacer. El corazón y el alma del ser humano no lo permiten. La fidelidad a los colores de nuestra divisa futbolera aporta tanta, pero tanta felicidad, que no queda otra que tomar una decisión: invertir en felicidad y hacerse hincha de un equipo chico.










