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domingo, 31 de mayo de 2026

Santa Fe y el desafío de ordenar la participación: por qué la horizontalidad absoluta no alcanza para transformar la política

Santa Fe y el desafío de ordenar la participación: por qué la horizontalidad absoluta no alcanza para transformar la política. Un análisis sobre la falta de debate político y la importancia de combinar participación ciudadana con organización y liderazgo, tomando ejemplos de la naturaleza para explicar cómo se ordenan las voluntades hacia un objetivo común.

Vivimos en la ciudad Capital de la provincia de Santa Fe, es decir en el epicentro de las decisiones políticas provinciales. Incluso hemos conocido días en los que también la política nacional puso en primera plana estos pagos.

Han pasado más de 20 años de aquello e igual que entonces y, curiosamente, no se observan grandes debates sobre política en las discusiones cotidianas de los santafesinos. Lo que se hace es un comentario sobre las noticias políticas, que no es lo mismo.

De vez en cuando me gustaría ver alguna mesa redonda donde se discuta sobre ideologías políticas, sobre formas de hacer política o modelos de gestión estatal y empresarial, por ejemplo.

O bien, a raíz de lo que viene aconteciendo en nuestro país en este último tiempo, sobre diversas formas de expresión popular que intentan representar la protesta social en su conjunto.

Respecto a esto y de acuerdo con lo que he podido observar, plantear una forma «totalmente horizontal» de conducir una corriente de pensamiento de estas características, parece ser el argumento principal para asegurar la participación de todos. Sin embargo, la horizontalidad está bastante alejada de lo que se supone, se necesita para lograr su propósito un encauzamiento de los recursos.

En efecto, parecería que alejarse de la «verticalidad» que caracteriza a la organización de instituciones como la policía o las fuerzas armadas, bastara en estos tiempos para garantizar el éxito en la acción. Un argumento gastado en los primeros años de la nueva etapa democrática que comenzó en 1983 y que surge en este particular momento como un alarde demagógico de incondicional apoyo a la democracia. Todo vale con tal de juntar gente.

A mi entender una cosa es evitar los liderazgos de los genios visionarios descendientes del dios sol, quienes habitan nuestro país desde hace setenta años y pueden interpretar al pueblo sin necesidad de escucharlo. Otra es desconocer o ignorar de exprofeso la naturaleza misma.

Digo esto porque toda actividad del hombre se puede resumir en la necesidad de obtener energía y optimizar su uso.

Para alcanzar cualquier objetivo se debe hacer un gasto de energía, y quien mejor administra la energía es la naturaleza. En eso consiste su perfección. Por lo tanto, cualquier acción del hombre que no sea capaz siquiera de aproximarse a la naturaleza, sin duda no producirá los resultados esperados. Simplemente, conducirá a un derroche de energía cuyas consecuencias dependerán de la importancia del emprendimiento iniciado.

Las Nuevas corrientes políticas

 

Hace poco escuché algo acerca del vuelo de los pájaros. Cuando una bandada de gansos se dirige a determinado lugar, lo hace con una determinada organización. Se colocan uno detrás de otro, pero en forma de V, ya que de esta manera el conjunto consume hasta un 71 % menos de energía que si por ejemplo volaran uno al lado del otro formando una línea –horizontal-. Por eso los aviones de guerra adoptan esta formación, vuelan en V, porque de esta manera ahorran combustible para el combate o para el regreso. Esta es una forma de interpretar la naturaleza, y de imitarla.

Pero hay algo más acerca del vuelo de los gansos. El ahorro de energía se produce porque quien vuela delante, al batir sus alas, va atenuando la acción del aire sobre los de atrás. Cuando el «líder» se cansa pasa a uno de los lugares de atrás y su lugar es tomado por uno de los otros.

De esta manera vemos como la acción de un conjunto de individuos con un fin común depende de la participación de todos los miembros de la comunidad. Pero también debe notarse que cada uno tiene que tomar el lugar que le corresponde a su debido tiempo. No es posible que todos a la vez pretendan volar en la misma línea. Se estaría actuando en contra de las leyes de la naturaleza. El resultado no sería el mejor porque se habría gastado energía inútilmente.

De modo que, si por ejemplo un grupo de personas pretende lograr cambios en beneficio de la sociedad, ante todo deberá organizarse, y la organización implica jerarquización, establecer prioridades de acción, y esto requiere de «cierta verticalidad». Requiere de al menos un par de guías, si no se quiere usar la palabra líderes.

No es posible hacer fluir ningún caudal de voluntades hacia un objetivo determinado, sobre un espacio perfectamente horizontal, por más loables que sean el objetivo y los poseedores de esas voluntades.

No se puede ignorar la ley de gravedad. El agua se mueve naturalmente por acción de la gravedad.

Imaginen esto que digo como un río. Pero no un río de montaña, donde la gran pendiente hace que el agua baje con fuerza arrastrando piedras y lodo, desembocando caóticamente. Imagínenlo como un río de llanura, que transporta grandes caudales de voluntades y deseos de cambio. Pero a bajas velocidades, porque la pendiente del lecho es pequeña. La verticalidad es pequeña, pero existe. Y esta diferencia de nivel es necesaria para que el agua fluya. De modo que cuando el río de llanura desemboca, lo puede hacer formando deltas. Con hermosos paisajes desbordantes de vida.

Trasladando esto a las organizaciones, debe haber al menos un grupo de personas que indiquen el rumbo. Entiéndase bien, personas reales y no genios visionarios descendientes del dios sol, que todo lo saben. Personas capaces de captar y poner en práctica los deseos de los demás, permitiendo la participación de todos.

Si se pretende llevar adelante un proyecto, debe haber al menos un grupo de personas que tome las decisiones para encauzar las voluntades de todos y evitar que el esfuerzo compartido, sea en vano.

(*) Este artículo fue publicado por el diario El Litoral en el año 2002. La versión que aquí se lee, sólo ha sido modificada en el párrafo final.

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