Periodismo de veras

domingo, 31 de mayo de 2026

Del ingenio a la supervivencia: la habilidad que muchos no aprenden

La necesidad impulsa el ingenio, pero en muchos países la falta de conocimientos básicos de economía limita el progreso. Comprender cálculos simples —desde elegir dónde comprar hasta decidir materiales para construir— permite ahorrar, tomar mejores decisiones y mejorar la calidad de vida. La educación matemática y económica es una herramienta concreta para el desarrollo.

La necesidad es el motor de las mentes, que induce a las personas a ingeniárselas diariamente para sobrevivir. De la escasez surge la necesidad de racionar nuestros recursos, es decir, la necesidad de hacer economía.

Quien no tiene todos los recursos (naturales, monetarios, humanos) para conseguir aquello que desea, debe usar el ingenio para salir adelante. Debe elevar su creatividad a la máxima expresión para hacer lo que le gusta o necesita.

La falta de conocimientos básicos sobre economía por parte del ciudadano común, es una característica de los países subdesarrollados. Precisamente una de las condiciones para lograr el desarrollo de un país, es que los ciudadanos sepan hacer cálculos económicos. Y al decir ciudadano común no es que queramos hablar despectivamente de determinado grupo social. Con ciudadano común nos referimos a un concepto relativo, relacionado con el oficio o profesión que ostenta una determinada persona en función de la problemática de interés social que se le solicita analizar. En este caso, aquel que no es economista de profesión, es un ciudadano común.

Como sea, el problema es que las personas no invierten su tiempo en estudiar matemática, lo cual es en parte debido a que no se ha puesto el debido énfasis en mostrar que es una ciencia que nos permite ahorrar o ganar dinero trabajando. Por eso muchos integrantes de nuestra sociedad no se interesan en aprender matemática. Piensan que no les sirve. No ven, por ejemplo, la relación entre aprender a calcular las dimensiones mínimas de los tirantes que sostendrán el techo de su casa, con una ganancia o un ahorro de dinero. En todo caso, se inclinan por aprender a techar la casa por su cuenta, y para seleccionar los materiales apelarán a copiar lo que hizo antes algún vecino o pariente. Sin embargo, esto a veces nos puede salir más caro.

La matemática aplicada puede ser la puerta de salida de la pobreza . Sin embargo, curiosamente, vemos que se induce permanentemente a alejar a las personas de la matemática con algunos mitos.

Claro está que todo conocimiento puede emplearse para hacer el mal o para hacer el bien, pero parecería que hay una necesidad de mostrar a aquel que posee un conocimiento avanzado en las cosas de la naturaleza, como el malo de la película.

Las de Disney por ejemplo, muestran que hay hadas buenas y malvadas. Las hadas buenas, sensibles y de gran corazón son las artesanas, mientras que las hadas del viento, la luz y las fuerzas de la naturaleza son engreídas, soberbias, egoístas y se creen las únicas merecedoras de poseer un don o talento.

Esto crea una mala imagen en las personas en crecimiento, que así van vinculando lo científico con lo malo, lo depravado. Parece que el científico de ciencias exactas, “tiene” que ser malo. Eso es porque los números son fríos, inhumanos. Estimo que esto mucho explica la negativa de los jóvenes a ingresar al mundo de las ciencias exactas, de la ingeniería. No quieren ser vistos como «aparatos», como «entes sin onda».

Por otro lado, parece que lo creativo sólo está ligado a la actividad artística. Estar inspirado es estar alegre al momento de trabajar. La alegría hace que uno pierda la noción del tiempo y el espacio. De esta manera, uno no se cansa trabajando. Todo se trata de ponerse al servicio de la comunidad.

Esto es incomprensible para muchos ciudadanos, que no advierten que para resolver los problemas de todos los días necesita el ingenio. Ingenio para sobrevivir, ingenio para progresar.

Pero debemos dejar bien en claro de qué hablamos cuando hablamos de cálculos económicos. Una cosa es un cálculo matemático, otra es un cálculo financiero y otra un cálculo económico. Un cálculo económico lleva incluida la necesidad de hacer una selección entre diversas alternativas.

Por ejemplo: En el almacén frente a mi casa, un litro de leche está $1.650. Y en el supermercado que queda a 20 cuadras de mi casa, el litro de leche cuesta $1.120. ¿Dónde me conviene comprar?

Hay que hacer un cálculo económico, porque además del valor del producto en cuestión, debo cuantificar mi tiempo y el costo del transporte hasta el local de venta y vuelta a mi casa.

primer plano de manos usando una calculadora y escribiendo números en un block de notas

Así que les dejo planteada un par de inquietudes, ¿qué conviene más?:

  • Si voy a techar mi casa: ¿tirantes de madera o perfiles metálicos?
  • En función de las altas temperaturas que se avecinan: ¿recubrir la casa con algún material aislante o seguir pagando las facturas de energía eléctrica aunque sean cada vez más crecientes?
  • ¿comprar un auto motor diesel o naftero?
  • ¿pavimentar una calle con concreto asfáltico o con hormigón?

Incorporar este tipo de razonamientos desde chicos nos harán actuar de una manera más responsable como consumidores, y nos permitirán insertarnos positivamente en la estructura económica del país, identificando y apoyando las medidas económicas que nos benefician y rechazando aquellas que nos perjudicarían. No hay nada malo en pensar así.